Sermones en cronología

Sermón en el día de Jesús 12 de febrero de 2012.

Título: ¿CÓMO NO NOS DARÁ CON ÉL TODAS LAS COSAS?

Biblia: Romanos 8:1-39

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Tte. 1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón,

Asunción, Paraguay

www.evangelio123.org

pastordonghandavidlee@gmail.com

(595) 021-301-706 / (595) 0981-815-179

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1. Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

2. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

4. Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

5. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

6. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

7. Por cuando los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

8. Y los que viven según al carne no pueden agradar a Dios.

9. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

10. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

11. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;

13. Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

14. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

15. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

16. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

17. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

18. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

19. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

20. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

21. Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

22. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

23. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

24. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

25. Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

26. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

27. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

28. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

29. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

30. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

31. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

32. El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

33. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

34. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

35. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36. Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.

37. Antes, en todas estas cosas, somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

38. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39. Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

INTRODUCCIÓN

En el último sermón del domingo, les estuve hablando acerca de la manifestación de los hijos de Dios.

Como aquellas personas quienes por seguir el camino del pacto y esperar en sus promesas, rechazan todos los bienes, riquezas y comodidades que provienen y son promovidas por la carne, y en forma inmediata.

Esta es una continuación de toda esta serie de sermones sobre el capítulo ocho.

¡ORDEN! ¡ORDEN! ¡ORDEN!

En la palabra de Dios siempre existe orden, existe coherencia y armonía.

En el estudio bíblico del viernes, les dije cómo un creyente que recién conoce y cree en Jesús comienza a aprender a pedir, a tratar de buscar vivir según la palabra en medio del mundo. Lo que al comienzo esos primeros pasos parecen andar en Espíritu y tienen grandes confrontaciones con los hombres del mundo, mas tiene vida y paz; con el paso del tiempo ese gozo se enfría, porque sigue permaneciendo en ese mundo de carne, pues lo único que habrá variado es que ahora cree y seguramente asiste a una iglesia.

¿Por qué se enfría la fe? Luego de un primer período de corroborar que Dios vive, rápidamente debe abrazar el pacto, a creer en las promesas del pacto y seguir en su consecución. Es decir, debe aprender a vivir según las reglas del pacto y cambiar su perspectiva de vida para adoptar la perspectiva del pacto y sus promesas.

Pues de lo contrario será considerado que se está ocupando de la carne más que del Espíritu y morirá espiritualmente. Como nos dice el versículo 7-8: “por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden, y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”. Como también dice Isaías 52:10-12 “Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro. Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová. Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque Jehová irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de Israel”.

Es la razón de por qué tantos creyentes quienes se esfuerzan en vivir en la fe de Jesucristo de la misma como lo hizo durante años y toda su vida, que combina sus deseos de la carne y trata de vivir lo mejor en Jesús buscando siempre sus caminos, siempre tiene sus reveses, sus accidentes, bancarrotas, profundas deudas, prolongadas enfermedades, pobrezas, agotamientos, muertes y se sienten desnudos y frustrados, son temerosos como cualquier hombre del mundo.

Es porque no han salido del mundo planteado por los hombres y habiendo corroborado la vida y existencia de Jehová no abrazaron su pacto y las promesas que fueron hechas en Abraham, en Isaac y en Jacob. Pero han preferido quedarse en Egipto y pretenden congraciarse con Faraón o conquistar y subyugar a Faraón; en lugar de cruzar el Mar Rojo y adentrarse en el desierto (discipulado) para encaminarse hacia su tierra prometida a los padres.

Y solamente aquella persona quien sale al desierto como lo hicieron los israelitas que siguieron a Moisés en el libro de Éxodo, aquellos que hoy se discipulan en toda palabra y en su modo de vida, aprende a vivir y a conocer a Jehová a través del Maná, a través de las obras, de las palabras, en guardar los mandamientos y esperanzado cada día en ingresar y recibir el pacto prometido; ésta es la persona que la Biblia dice en el versículo 9-11: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”

Es por eso que los creyentes quienes conocieron como los israelitas a Jehová quien les vino a visitar acordándose del pacto que había establecido con Abraham, Isaac y Jacob; tienen que creer en las Palabras, en las señales y rápidamente salir de Egipto, que ejemplifica el mundo cómo los hombres impíos están dictando cómo deben vivir los hombres con sus políticas, con sus economías y sus postulados de vida y relacionamiento.

Por eso, hay que saber el orden de las cosas de Dios. Hoy muchos creyentes son reacios a salir de Egipto, permanecen en ella, quieren escalar posiciones y gobernar, a triunfar en medio de Egipto, y no saben que siempre vivirán en servidumbre. Otros argumentan que deben permanecer en Egipto para salvar a los egipcios para Cristo, pero ven que Dios hace diferencia por medio del juicio de las plagas entre los israelitas y los egipcios.

Hoy muchos creyentes quienes permanecen en la carne (según Romanos) y los que permanecen en Egipto (según Éxodo), no se quieren encaminar a la tierra de la promesa. Mas éstos pretenden cosas que solamente aquellos quienes desean vivir según el Espíritu, porque el Espíritu de Cristo mora en ellos, se mueren respecto a la carne o Egipto, y se encaminan a la promesa. Solamente entonces pueden ser vivificados en todas las cosas que aparecen en los versículos posteriores. Pero los creyentes quienes viven en la carne, en Egipto o el gallinero como los llamo yo, también quieren vivir en el Espíritu, quieren ser guiados por el Espíritu, quieren el Espíritu de Adopción, quieren recibir las herencias de hijos, quieren la manifestación de los hijos, pretenden que la creación se libere y dicen: “y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

¿Dónde está el orden y la coherencia de la Palabra de Dios? No se puede recibir sin obrar antes, no consiste simplemente en “creer”; por eso, tienen que cumplir “la justicia de Dios que es por fe” y encaminarse hacia los términos del pacto en forma bien consistente.

Sí, es bueno que deseen, pero no recibirán salvo que vivan por medio de actos concretos. ¿Por qué? Porque ahora siguen permaneciendo en la carne, siguen viviendo bajo los términos de Egipto, no son capaces de iniciar una larga jornada por el desierto para recibir las promesas que Jehová hizo a los padres. Y como el tema de hoy, quieren recibir todas las cosas: PERO NO LES VENDRÁ NUNCA, PORQUE NO CREYERON A JEHOVÁ DIOS Y PERMANECEN EN EGIPTO. Y en Egipto no hay vivificación, no sentirán el Espíritu de Cristo que les vivifica. Más bien se ganan la enemistad de Dios.

LO CONTRARIO: TAMBIÉN ES ORDEN

Es decir, ustedes creyeron en Jesucristo, y se han adentrado en el desierto porque creen en las palabras de la promesa del pacto de Jehová (según Éxodo), y abrazaron la disciplina del padre al hijo (según Hebreos) como nos lo explica Hebreos 12:1-13:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor. Ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el Señor al que ama, disciplina. Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.”

Ven cómo en diferentes partes de la Biblia, el Señor Jesús nos muestra las analogías y los hechos, y esto del pacto no está únicamente alojado en el antiguo testamento como algunos creen.

Ahora bien, ¿qué significa “lo contrario: también es orden”?

Vamos a ver, tú eres un creyente que porque has aprendido de Jesucristo acerca del pacto, has salido de Egipto, te estás encaminando pacientemente según la guía del Espíritu Santo y cada día tienes que morir en Cristo. Mas sientes que poco a poco tu vida, tu cuerpo está siendo vivificado. Y sientes al Señor muy cerca y está pronto a responderte, sientes el Espíritu de adopción.

Mas no puedes aprovechar de esta situación idílica con el Padre Celestial y pedir por las cosas que los hombres de Egipto generalmente piden y ansían tener. Como le sucedió a los israelitas en el desierto, no habrá abundancia de toda clase de comida, talvez se tenga que comer del mismo maná durante días y años. Mas no porque ahora tienes el espíritu de adopción y te sientes hijo puedes pedir por las cosas insatisfechas de Egipto, de tu carne.

Más bien, te corresponde siempre mirar al frente, pidiendo por la sabiduría para ver el pacto y sus promesas en medio del Egipto que estamos viviendo, y este capítulo de Romanos ocho es un buen ejemplo de ello. Debes buscar la manifestación de los hijos de Dios, que la creación sea liberada de la corrupción, debes buscar entender los gemidos que el Espíritu Santo hace por ti, y los gemidos de tu propio espíritu qué es lo que está buscando en Cristo Jesús.

¡No puedes mezclar los temas de oración! Y esto es más evidente cuando los creyentes te piden para que intercedas por ellos, porque ven que tú eres “espiritual”. ¿Cómo puedes orar por otros quienes piden por cosas de Egipto, siendo que tú estás encaminado hacía tu pacto con Jehová Dios? ¡No puede hacerlo! Pues si haces, pecarías por incoherente y mentiroso. Realmente son momentos difíciles, porque ellos están cansados del mundo, lloran porque Dios no les atiende en sus deseos y amores por conquistar Egipto; y: ¡te piden que ores por ellos en voz alta! Esto también es tener orden en tu fe hacia las promesas del pacto que has recibido.

Y esto que estamos viendo hoy: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Así que tengan cuidado, no oren por el pasado, ni oren por tus insatisfacciones que tuviste en Egipto, ni quieras que Dios te lo llene hoy. Inclusive, nosotros los adultos siempre queremos orar a Dios pidiendo por nuestros hijos, ¿y qué pediremos? ¿Pediremos que ellos tengan lo que ustedes no tuvieron de Egipto? ¡Cuídense! Porque eso sería volver y regresar a Egipto. Sería volver a mirar atrás y decir que el camino de nuestro Padre celestial no es bueno ni satisfactorio. Así también, tenemos que enseñar a nuestros hijos a mirar las cosas que están más allá, aquellas cosas que recibiremos en la tierra prometida.

¿CÓMO NO NOS DARÁ TAMBIÉN CON ÉL TODAS LAS COSAS?

Veamos juntos el versículo 32: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

¿Por qué esta promesa de darnos todas las cosas con Jesús es para aquellas personas quienes han muerto en su carne y han seguido a la guía del Espíritu Santo que sólo puede suceder en el pacto de Abraham?

Porque así como Jehová Dios no escatimó la vida de su Hijo para amarnos y darnos vida eterna; así también para nosotros que hemos muerto respecto a la carne y hemos seguido el camino de la vida muriéndonos respecto a la carne que es Egipto y nos hemos encaminado a la tierra del pacto, lo merecemos porque nosotros también hemos muerto, y cada día estamos muriéndonos por seguir y guardar nuestra comunión en el Espíritu de Cristo.

Entonces, ¿qué significan estas palabras? “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

Esto en síntesis, habla de “OBLIGACIÓN”. Que para nosotros que hemos creído al Espíritu de Cristo cada día y nos estamos muriendo a la carne, así como lo hizo el Padre Celestial. Porque nosotros también estamos entregando nuestros hijos, cuando estamos entregando la vida de nuestra familia, cuando estamos entregando la vida misma en pos de ese pacto; Jehová el Dios de Israel, Jehová el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y del Dios de Jacob está asumiendo una OBLIGACIÓN de darnos todas las cosas, como él se lo dio a Jesús. Porque precisamente nosotros somos coherederos con Cristo.

Por eso, nuestra iglesia es diferente a las demás, porque nos proyectamos y avanzamos en el desierto hacia la tierra de nuestra promesa, luchamos afanosamente para que la carne no nos domine ni dicte sus reglas. Por eso, no buscamos llenar las personas como se hacen hoy de egipcios, y quieren permanecer en la carne.

Esta obligación que Dios nos dice se contrae con nosotros que vivimos según el Espíritu de Cristo es la misma que se había contraído Jehová con Abraham, luego que éste ofreciera a su hijo Isaac en el monte Moriah: “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.” (Génesis 22:16-18)

Ya no es algo cambiante según la fe que hoy es firme, pero no sabes cómo será la fe de tu hijo, o la fe de hijo de tu hijo, o la fe de tu hijo de la quincuagésima séptima generación. Mas cuando has recibido “la obligación” de Jehová quien te promete al igual que a Abraham: “por mí mismo he jurado”, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Sabemos que el Señor lo cumplirá, aunque pasen el cielo y la tierra. Y de esto tenemos la palabra más cierta de Jesús: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (San Mateo 5:18-19)

Por eso, si en San Mateo 1:1-16 habla de la genealogía desde Abraham hasta Jesucristo, y luego dice en el versículo 17: “De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.

¿Cómo no nos dará también como Abraham todas las cosas?

¿Cómo no nos dará también como a Jesús todas las cosas?

Y además nos promete: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Que por encima de todas estas cosas, el PADRE nos promete que nos dará juntamente con Cristo Jesús todas las cosas.

Esta es la iglesia que desea recibir esta bendición de Dios.

Esta es la bendición que yo: David, como siervo de Dios quiero recibir de Dios.

Esta es la bendición que yo: David, como hombre e hijo de Dios quiero recibir esta bendición para mí y para mis hijos por mil generaciones.

Esta es la bendición por la cual lucho para que cada uno de ustedes y sus hijos la reciban.

Esta es la bendición por la cual no estamos esforzando para que cada hijo de Dios que está diseminado en el mundo reciban.

Por eso, nuestra iglesia es diferente a las demás. Porque no es una iglesia que permanece en Egipto, ni deseamos que ustedes se ganen la carne. Deseamos y nos esforzamos a que Jehová nos prometa y diga porque cada día somos muertos como ovejas que son llevados al matadero, pero que el Señor diga y se obligue: “si no escatimé ni a mi propio Hijo, y lo entregué por ti, ¿cómo no te daré también con él todas las cosas?”

CONCLUSIÓN

Esto es tan cierto que no enseñamos otra cosa que no sea esta que al cual nos ha guiado el Señor Jesús hasta el día de hoy, la hemos vivido y hoy estamos más seguros que nunca.

Somos un modelo que Dios ha ido mostrando y construyendo para que muchos creyentes en Jesucristo pueda verificar que su pacto en Abraham, en Isaac y en Jacob, aun persisten; y que todo esto está enmarcado dentro del pacto de Jesucristo.

Sabemos que a pesar de las imperfecciones que como hombres podemos tener, no así es la Palabra de Jehová quien nos promete: “¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”.

Ciertamente que todos vivimos una vez, y todos vivimos creyendo lo que es cierto y real en la fe de Jesucristo. Y sabemos que esto es completamente opuesto a todo lo que un creyente usualmente busca en el Señor Jesús, porque realmente hacemos las cosas diferentes, en tiempos diferentes y con métodos que para aquellos acostumbrados a vivir en la carne son extremos. Mas si estamos recibiendo constantemente las Palabras de Jesús, si estamos cada día aumentando en nuestras bendiciones y nuestra esperanza va creciendo. ¿No estamos en lo cierto si toda la Biblia se cumple y se abre delante nuestro?

Sí, el justo por su fe vivirá. Y sabemos que este camino nos da abundante vida, y lo corroboramos con cada miembro que sigue este camino angosto del pacto.

Que Dios te bendiga.