Sermones en cronología

Sermón en el día 1 de enero de 2010.

Título: CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO

Biblia: Gálatas 2:11-3:29

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

www.evangelio123.org

CAPÍTULO 2:

11. Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar.

12. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión.

13. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.

14. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

15. Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles,

16. Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

17. Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro del pecado? En ninguna manera.

18. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago.

19. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.

20. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

21. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

CAPÍTULO 3:

1. ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?

2. Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?

3. ¿Tan necio sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?

4. ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Si es que realmente fue en vano.

5. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

6. Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

7. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

8. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.

9. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.

10. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

11. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá.

12. Y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.

13. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),

14. Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

15. Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.

16. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y en su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

17. Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

18. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

19. Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.

20. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.

21. ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.

22. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada los creyentes.

23. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.

24. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

25. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,

26. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;

27. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

28. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

29. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

INTRODUCCIÓN:

Hoy comenzamos el año 2010, y como todo hombre nosotros también deseamos las mejores cosas, recibir, dar, cumplir con muchos sueños y deseos.

Y ciertamente que este año será mejor para nosotros que el año que ha transcurrido, muchas cosas que comenzaron en el pasado se concretarán en este año y otros nuevos entrarán en nuestra vida para que sigamos viviendo en esperanza y gozo.

No es normal ni común encontrar el sermón del primer día de un año nuevo con este tipo de título: “CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO”. Pero en la medida en que les exponga la Palabra, sabremos el por qué, y desearán que este año más que cualquier otro anterior sea en Cristo.

Entre las muchas cosas que sucedieron en nuestras vida durante el año 2009, hemos aprendido que nada podemos fuera y alejados de nuestro Señor Jesús. Y a todos, algunos más y en otros menos, el Señor ha mostrado que él tiene los ojos bien puestos sobre nosotros y nuestra vida.

Así hemos aprendido que estamos más cerca, y muchas cosas sucedieron simplemente porque estamos unidos a Cristo. Pues las cosas que sucedieron no fueron solamente porque nos faltó la fe o porque hemos pecado delante del Señor, mas también hemos comprobado que si no vivimos sabiendo perfectamente cuán unidos estamos en Cristo eso también es causa para que el Señor nos detenga y nos redirecciona en nuestra vida.

Saber perfectamente cuánto es el requerimiento de Dios porque estamos unidos a Cristo como miembro de su cuerpo no es tan sencillo, porque cuando miramos nuestra carne con todos nuestros deseos, nuestras necesidades, los problemas que nos rodean, tenemos la inclinación a ser como cualquier otro ser humano. Mas cuando escuchamos la Palabra de Dios y sentimos toda la guía del Espíritu Santo, vemos que no se puede salirse de su camino.

Y justamente esto han estado aprendiendo, a ser cada día mejor creyente, a comprender con mayor precisión que soy hijo de Dios, saber cómo vivir en todo momento y en diferentes situaciones como miembro de Cristo.

Por eso, es tan importante comprender este principio y verdad de Dios: “CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO, Y YA NO VIVO YO, MAS VIVE CRISTO EN MÍ.” Como nos dice a continuación: Y LO QUE AHORA VIVO EN LA CARNE, LO VIVO EN LA FE DEL HIJO DE DIOS.

Saber situarnos en esta nueva vida es lo dificultoso, ¿por qué? Porque no se ve, ni se siente tan fácilmente el hecho que soy una nueva criatura, que estoy ahora crucificado juntamente con Cristo, que no vivo yo sino vive Cristo en mí. Porque esta puerta del Espíritu se puede cerrar muy fácilmente cuando mi carne y sus concupiscencias dominan mi ser.

CONFUSIÓN ACERCA DE: YA NO VIVO YO, MAS VIVE CRISTO EN MÍ

En estas últimas semanas les dije cómo y cuándo Jesús nos hizo miembros de su cuerpo para que participemos de su bautismo, por eso nos dice en los versículos 27-28 del capítulo 3: Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Por eso en el capítulo 2:19-20 dice: Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Hasta aquí, más o menos podemos seguir, pero la confusión viene cuando necesitamos saber la relación: ¿qué función cumple entonces la fe? ¿Si soy miembro del cuerpo de Cristo para qué necesito la fe? ¿De qué me sirve que crezca en la fe?

Una respuesta simple es esta: PARA QUE NO VIVA YO, PARA QUE VIVA CRISTO EN MÍ, PARA QUE VIVA EN LA FE DE JESÚS:

Pero para poder responder a estas cosas primeramente hemos de saber esto: La palabra de Dios dice que con Cristo fuimos bautizados, que estamos crucificados juntamente con Cristo. Son hechos que se hicieron a nivel de Dios, en el Espíritu Santo, mas nosotros sí estuvimos presentes corporalmente como miembros cuando eso sucedió pero no hemos enterado, hemos nacido en Paraguay o en cualquier otro país, en un tiempo muy posterior y desfasado a cuando sucedieron las cosas. Incluso los mismos discípulos quienes estaban y eran puestos por testigos de todo eso, no lo comprendieron, abandonaron a Jesús, huyeron y cuando Jesús resucitó no comprendieron que ellos estaban unidos a Cristo como miembro, recién cuando vino el Espíritu Santo como el Consolador prometido supieron lo ocurrido; a pesar que anteriormente ya creían en Jesús, ya confesaban a Jesús como su Cristo (tenían fe y el Espíritu Santo ya se manifestaba en ellos) pero no podían entender esto.

O sea, el hecho que nosotros somos partes de su cuerpo, miembros del cuerpo de Cristo, es un HECHO, su bautismo en que participamos y ahora estamos revestidos de Cristo, que somos de Cristo, que hoy no existe el judío o el griego, el paraguayo o el coreano, bueno son cosas que sucedieron cuando Jesús fue crucificado, muerto, sepultado y resucitado. En todo este proceso, “no se requirió de nuestra fe en Jesús” para que formemos parte (por el tiempo no era posible porque aun no habíamos nacido). Simplemente esto se hizo según el listado de los elegidos de Dios desde antes de la fundación del mundo y hoy de acuerdo a esta gracia recibida, somos llamados y nos enteramos que ya fuimos justificados y glorificados juntamente en el pasado. Por eso, no se requirió de nuestra fe, ni de nuestra confesión.

Pero sí necesitamos de la “fe” y veremos para qué:

• PARA QUE NO VIVA YO: Porque esa realidad de nuestra “justificación y glorificación” no se ve, mas cuando crece mi fe en Jesús y sus Palabras, cuando vivo en esta esperanza y sigo en la ley del Espíritu; esa nueva naturaleza en que estoy revestido y el poder del Espíritu Santo se manifestará más y más, entonces veré que estoy en Cristo y él me muestra cuán unidos estamos a él.

Mas cuando me dejo llevar por el mundo, sus preocupaciones, las necesidades, los problemas, sus riquezas y afanes, yo también vivo y siento como el hombre del mundo, pues mi fe se ha debilitado.

Por eso mismo, vemos que hasta Pedro cuando se vio influenciado por las tradiciones de los judíos, por los hombres que se introdujeron en la iglesia para causar disputas, y a insistir acerca de las leyes que guardaban a la manera de los judíos, cuando tuvo miedo de los de la circuncisión; dice que Pablo le resistió cara a cara. Por eso dice en los versículos 14: pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

Mas si el creyente que siendo hoy miembro del cuerpo de Cristo, sin saber la Palabra y voluntad de Dios “peca”, se vuelve transgresor, y lo que deseamos edificar lo estamos destruyendo.

Ahora bien, dice Pablo: no porque yo sea corrupto, pecador, que destruya lo que estoy edificando por mi debilidad; no por eso significa que Jesús sea ministro de pecado. Pues lo estamos haciendo dentro de nuestra carne no por eso cambia el hecho que somos miembros de su cuerpo, pero sí una mayor concupiscencia y muerte de nuestra carne.

Hoy necesitamos de una gran dosis de fe en Jesús y en sus palabras “PARA QUE NO VIVA YO”.

• PARA QUE VIVA CRISTO EN MÍ: ¿Para qué sirve la fe en Jesús si la salvación de nuestra alma no es por la fe? Ciertamente que para la salvación del alma, no es por la fe; mas sí es por la fe que nos salvamos de cada situación, en cada encrucijada, en cada problema, en cada necesidad, de cada tentación y cómo realizamos las obras del mundo.

Y cuanto más nosotros busquemos a Dios y vivamos en la fe, verán que Cristo vive en ti.

Por eso les decía al comienzo, que en muchos casos somos disciplinados porque hemos de perfeccionarnos no solamente por causa de la fe, sino porque hoy somos parte del cuerpo de Cristo. Por eso la Biblia dice: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. (1 Corintios 3:16-17).

Pues si antes la ley de Dios nos condenaba por causa de los pecados y eso nos llevó a nuestra muerte juntamente con Cristo, y ahora una vez cumplido con esa ley ya no se enseñorea de nosotros para muerte. Mas sí esa misma ley hoy es la ley del Espíritu que nos lleva a “santificación” porque Jehová Dios “santo es”. Que es lo mismo decir: PARA QUE CRISTO VIVA EN MÍ.

• PARA QUE VIVA EN LA FE DE JESÚS: la Biblia dice: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.

¿Para qué hemos de buscar la fe? Algún incrédulo podría decir que con esta doctrina estamos incitando al pecado, porque ya estamos salvados y eso sin el requisito de la fe, ¿por qué no comer y beber hasta que el Señor Jesús venga?

Es cierto que existen muchos detractores de esta doctrina, mas justamente eso es “fe”; es la distinción que te mantiene separado entre el mundo y tu fe en Jesucristo.

Porque fuimos hechos miembros del cuerpo de Cristo y porque hoy mora el Espíritu Santo en nosotros, todos habremos experimentado qué se siente y cómo Dios es celoso cuando nos apartamos de él. Otra vez, ¿para qué necesitamos de la fe en Jesús? Pues hoy conocemos lo que somos, hoy conocemos lo que Jesús nos hizo; y con fe hemos de “tomar decisiones y mantener una actitud de vida” basado en las Escrituras para vivir como un creyente. Porque cada vez que nos hacemos débiles, vemos que la carne y todas nuestras concupiscencias se manifiestan para devorarnos.

Pero también esto: cuanto más yo vivo en la fe de Jesucristo, más se manifiesta que soy “HIJO DE DIOS”. Y ese gozo que tenía Jesús con el Padre, lo tenemos nosotros igualmente. Y ese sentimiento, ese gozo, esa plenitud, ese reposo que nos da Dios Padre por medio del Espíritu Santo nos hace tan cercanos a él, que deseamos ser más y más arrebatados por el Espíritu de Dios.

Entonces, ya no buscamos tener más fe como muchos insisten para tener la seguridad de su salvación, sino que nosotros buscamos mayor grado de fe pues al participar de su “santidad” vemos a Dios el Padre.

NO ES SUFICIENTE LA FE, HAY QUE VIVIR COMO HIJO DE DIOS

Sabemos que la fe es muy variado en cuando a su grado de perfección, un poco también es fe, mucho también es tener fe. La fe también está relacionada con el tiempo de respuesta, está relacionado con la forma como se hacen las cosas. La fe está relacionada con la doctrina bíblica en que se basa, la fe está relacionada con el conocimiento de Dios. Todo esto influye en nuestra fe.

Jesús dijo: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (San Juan 16:33)

Como dice la Palabra de Dios: Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. (1 Juan 4:4-6)

Y otra vez dice: En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo el que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. (1 Juan 5:2-4)

En un comienzo, les puede parecer que nuestra fe es débil, pequeña, que no puede mover ni una montaña ni vencer una batalla. Mas cada día cuando creces, “ya no vivo yo mas vive Cristo en mí” se hará cada vez más notorio. Y finalmente verán que Dios consiguió contigo llegar al otro extremo de la fe: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios. Y como dice este último pasaje de la Biblia que les he citado: verán que están venciendo y han vencido al mundo: con nuestra fe.

En este proceso de crecimiento, sentirás y serás confirmado por Dios que eres hijo de Dios; y el Señor se agradará porque estás viviendo como hijo de Dios. Tu carne y sus concupiscencias están muy cerca de ti, porque estás en ella; pero podrás gobernarla porque tienes el don del Espíritu Santo: LA FE que vence al mundo.

EL DESAFÍO DE ESTE AÑO 2010

Por eso el Señor Jesús nos ha dado este pasaje: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

Y este es el desafío de este año 2010 que se inicia, que más de lo que hicieron ayer, “ya no viva yo”, en cambio “que Cristo viva en mí”. “Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.”

Porque más que cualquier otro deseo para este año, es bueno que nosotros sepamos “CUÁL ES EL DESEO DE DIOS”. Mucho tiempo hemos pedido a Dios por nuestros deseos: salud, bienestar, abundancia, riquezas… y otras tantas cosas. Por eso, es bueno que este año nosotros escuchemos SU DESEO y que nosotros la tratemos de cumplir.

Es un gran desafío de fe, pues nosotros que podríamos pasar un día entero pidiendo nuestros deseos a Jesús; pero esta vez callarnos y simplemente “TENER FE de que el Señor Jesús sabe de qué cosas nosotros necesitamos antes que le pidamos” y cumplamos el deseo del Padre en nosotros: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

CONCLUSIÓN:

Siempre nos hemos puesto en el lugar del débil, del lugar del necesitado, del que clama, del que pide.

Ya es hora que asumamos nuestra posición como HIJOS DE DIOS, como dijo Jesús al Padre: todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. (San Juan 17:10). Es tiempo que nosotros también aprendamos y sepamos comportarnos como un hijo de Dios, pues sino siempre estaremos enojados, celosos, con envidia como el hijo mayor que ve venir al hijo pródigo al Padre. Pero veamos qué dice el padre a su hijo mayor: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. (San Lucas 15.31)

Es tiempo y ahora es, que asumamos nuestra condición de hijo de Dios, porque si hemos participado de los padecimientos de Cristo, también somos COHEREDEROS CON CRISTO. Y debemos serlo HOY Y AHORA.

Busquemos nuestra parte, busquemos nuestra herencia que el Padre nos ha dado para gozarnos como HIJOS y no ser “los eternos mendigos de Dios” que solamente saben pedir y pedir, clamar y dolerse por sus necesidades.

Hay que aprender a gobernar, a dominar, a subyugar, a fructificar y juzgar como Dios nos ha ordenado. Hay que buscar cuánto es el límite de cada uno y gobernar la tierra y los hombres que en ella están.

Que Dios les bendiga en este año 2010 que se abre para nosotros.