Sermones en cronología

Sermón en el día miércoles 6 de mayo de 2009.

Título: EL REINO DE DIOS Y LAS COSTUMBRES

Biblia: Romanos 14:1-23

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

www.evangelio123.org

1. Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.

2. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.

3. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

4. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

5. Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

6. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.

7. Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

8. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

9. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

10. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.

11. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.

12. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

13. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.

14. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es.

15. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.

16. No sea, pues, vituperado vuestro bien;

17. Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

18. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres.

19. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.

20. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come.

21. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.

22. ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no condena a sí mismo en lo que aprueba.

23. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.

INTRODUCCIÓN

Es posible ver cómo los hombres pierden tiempo y fuerzas entre las cosas esenciales y las no esenciales en la iglesia. En especial cuando las iglesias se acomodan a cierto ambiente de tranquilidad y se unen entre sí, se asocian, se intercambian elementos y virtudes. Luego cuando se comparan una iglesia con otras. Y muchos de estos actos y relaciones vienen relacionados con la ociosidad.

Igualmente cuando la persona es llamado por Jesús y luego entra en la iglesia, generalmente viene como una oveja “manchada, listada y abigarrada”. El proceso de sanidad espiritual y tiempo requerido para sanar “de las cosas del mundo” de estas personas depende en gran manera de la gracia de Dios, de cuánto la iglesia se empeña en enseñar, guiar y también de cuánto la persona misma busca al Señor para cambiarse.

Pero luego de un tiempo, cuando se siente un poco mejor, cuando se considera que está un poco sanado, comienza a mirar a su alrededor y hace las comparaciones. Mas lo peor es que aquí se detiene.

Es nocivo porque las personas se mantienen distanciadas unas de otras, pero no saben que en Cristo Jesús son miembros los unos de los otros. Y como habrán experimentado, es realmente difícil llegar a sentirse verdaderamente hermanos, porque falta mucho que cambiar y hay mucho que ceder al otro hermano.

Seguro que dicen que son hermanos en Cristo, que hay que amarse los unos de los otros, que hemos de ser tolerantes y misericordiosos. Enfatizan en hecho que cada uno puede tener su propia libertad e individualidad. Y así se rompe toda regla de uniformidad de la Palabra de Dios. Porque consideran que siempre están haciendo el bien para con Dios, mas terminan enfocando en el hombre. Cuanto más se dediquen al hombre, menos entenderán y verán a Dios.

Por eso les pregunto: ¿Fue Jesús feliz o infeliz mientras vivía como hombre en la tierra?

¿Saben por qué les hago esta pregunta? Porque hoy los creyentes dicen que hoy están libres en Cristo, que les hizo libres de toda ley de los mandamientos de Dios. Porque el sólo hecho de enterarse de que existen los mandamientos de Dios que les muestra el pecado les desanima. Nadie las quiere guardar, siempre están buscando alguna opción para eliminar, de relegar detrás de la excusa del amor y de la misericordia de Dios. Y si hoy, para los hombres de fe los mandamientos de Dios son tan cargosos, odiosos, que les atrapa, que los inmoviliza; en una palabra: “les hace infeliz”.

Entonces, ¿cómo Jesús cumplió todos los mandamientos para llegar a ser nuestro Cristo? Por eso dice la Biblia de Jesús: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:15-16).

Mas tal era el amor de Jesús por el Padre y él mismo se gozaba en cumplir todo respecto al Señor: porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. (San Juan 8:29-32).

Por eso les preguntaba: ¿fue Jesús feliz o infeliz? Porque si medimos según el concepto de los hombres y de las iglesias acerca de los mandamientos, Jesús debió vivir presionado, obcecado, pidiendo libertad y rebelándose contra el Padre. Entonces, ¿por qué Jesús hacía lo que al Padre le agradaba?

Y justamente aquí nos muestra claramente cuán corruptos estamos en la carne (pensamientos, costumbres, alma, vida, …)

LOS MANDAMIENTOS DE HOMBRES

Uno de los grandes peligros es justamente lo que dijo Jesús y hace referencia en este capítulo de Romanos: Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (San Marcos 7:5-9)

Hoy también muchos aparentan ser buenos cristianos, entendidos en la Palabra, que no existen personas mayores que ellos en fe, en conocimiento, en la práctica de la fe, en muchas obras; pero se olvidan de las cosas importantes de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. En el pasaje que hemos leído hace referencia diciendo: porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. (v. 17)

Son buenos entre los hombres, pues no existen creyentes más fieles, santos, dedicados que ellos, pero no existe en ellos justicia, ni misericordia, ni fe. Y todos están aprendiendo a jugar este teatro, el juego de las apariencias; mas su vida interior y su persona delante de Dios no se enriquece.

Es más, de tiempo en tiempo, todo lo que el creyente consideró eran sus frutos de fe, su sobre edificación, su crecimiento en Dios se destruye con la lluvia, con la tormenta, con el agua que hace derrumbar todo lo que ha construido. Y muchas personas quienes creyeron, que le siguieron también caen en el mismo vacío y confundidos. Finalmente no saben cuándo cayeron, ni en dónde hicieron mal las cosas, porque tantas y tantas iglesias, pastores y miembros están cayendo, apartándose al mundo, enfriándose en su fe y convicción.

¿Por qué? Porque se han dedicado a comer y a beber, a juzgar y opinar sobre cosas sin fundamento ni valor, como días de reposo si es sábado o si es domingo, discusiones acerca de los diezmos, entredichos respecto al bautismo, respecto al perdón de pecados, de la salvación. No se aplicaron en cosas más serias y de utilidad para el creyente como dice la Biblia en Hebreos 6:1-6 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite. Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

Es necesario que cada persona, que cada iglesia enseñe verdaderamente las Escrituras, que descubra las respuestas que necesita el creyente en la Biblia, que las practique y que las viva con todo su ser, que busque y encuentre cada día mayores conocimientos, y la gracia de Dios se derrame diariamente; porque llegaron a ser “oidores y hacedores de la palabra”.

Es preciso encontrar cuáles son los mandamientos de Dios y cuáles son los mandamientos de hombres que están dominando o invadiendo las iglesias y controlan la vida de los creyentes hoy. Hay que implementar aquellas que son de Dios y ver qué provecho tiene las del hombre. Para eso, hay que ser versado en toda la Palabra de Dios, como dice la Biblia: Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose a la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. (Colosenses 2:18-23).

Hoy escucho que muchos afirman que si no existe “sanidades”, “liberación de malos espíritus”, “amor al prójimo necesitado” no es iglesia. Que uno tiene que vestirse o alimentarse de una u otra forma para ingresar a la iglesia, discusiones acerca de “apóstoles”, de “iglesia primitiva”, de simbolismos o de ritualismos como señales de salvación. Que miren mal porque no se practica el “ayuno y oración”, o las “vigilias”. Que tiene “soñadores y visionarios”, que es fundamental tener “grupos de alabanzas”, “grupos de teatro”. Decir que por falta de estas cosas hoy la iglesia está decadente, van tras “los profetizadores profesionales” pero no quieren leer su Biblia, buscan a los “anunciadores de futuro, de bendición, de amor, de casamiento” mas nadie se sujeta a la Palabra de Dios.

Se confunden y no saben qué o cuáles son los diez mandamientos, pero son sabios en todos los mandamientos de hombres que les han enseñado. Seguro que los “creyentes” de hoy memorizan no más de veinte versículos (¡y son sabios!) mas nunca leyeron la Biblia, y así son los seminaristas, los pastores.

Las iglesias imitan a otras de mayor porte en asistencia, y consideran que una iglesia que tiene muchos miembros es una iglesia exitosa, donde la gracia de Dios predomina y: “porque Dios está en esa iglesia se reúnen tanta gente”. Hoy por hoy no saben cuáles son los elementos a examinar para una buena iglesia. Se engañan y son engañados, y pretenden que la misericordia de Dios les limpiará y arreglará todo.

JUSTICIA, PAZ Y GOZO EN EL ESPÍRITU SANTO

Extrañamente muchos consideran que los mandamientos de Dios son excesivos, que son duros, que matan al hombre. Y piensan que dejan de ser libres, que perderán toda alegría de vivir en el mundo. Es decir, consideran que serán esclavos de Dios, pero no saben que lo contrario serán esclavos del pecado y de las potestades del mundo.

¿De dónde provienen estos pensamientos? ¿No es de la corrupción de los hombres que se rebelan contra Dios? Y porque hablé en el sermón anterior acerca de los versículos 7 y 8 (“Para el Señor vivimos” 29/abril/2009), no haré mayor mención. Mas si alguien siente que pierde la libertad, su libertad por estar más sujeto a Cristo y a su iglesia, es porque aún no conoce a Dios verdaderamente. Y no es más que una señal de cómo su carne tiene mucha predominancia, que nunca ha sentido verdaderamente a Jesús, ni al Espíritu Santo que mora en todo hijo de Dios.

Aquellas personas quienes piensan que esto sucede en su vida, o que sucedería si oyera y guardara mayor cantidad de mandamientos, aún no está completamente libre y ni conoce la verdad. Porque Jesús dijo: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. (san Juan 8:32). Significa que aprendieron los mandamientos de Dios, pero no entendieron el verdadero significado y a dónde el Señor quiere llevarte.

Les pregunto: ¿Fue Jesús una persona infeliz? Porque la Biblia dice: así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Hebreos 9:28). Si Jesús vivió sin pecado, significa que guardó todos los mandamientos.

Pero a diferencia de los hombres de hoy que aplican de forma muy personal los mandamientos de Dios, y de una forma muy egoísta, que mayormente utilizan para condenar a los otros; en cambio cuando se cumple verdaderamente toda la Palabra de Dios se llega a esto: EL REINO DE DIOS ES JUSTICIA, PAZ Y GOZO EN EL ESPÍRITU SANTO.

Como ustedes saben, hoy las personas pretenden alcanzar la justicia, la paz y el gozo del creyente quitando, eliminando los mandamientos de Dios que les son molestosos, cargosos, onerosos, exigentes. Pero no dejan de considerar que en muchos aspectos se equivocaron, porque aplicaron mal las leyes de Dios y porque muchos otros están dejando de lado por partes o todo el antiguo testamento. Estos no alcanzan a ver ni a entender la justicia de Dios en el Espíritu Santo, no sienten la paz en el Espíritu Santo y menos el gozo en el Espíritu Santo. Un ejemplo: existen pastores que no exigen o enseñan acerca del diezmo en la iglesia, dicen que es opcional, porque es oneroso, porque los creyentes son pobres, que darán cuando estén mejor económicamente.

Y ¿por qué no llegan a entender, ni a conocer la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo? Porque están buscando mal, porque se equivocan de camino. Porque todo hombre tiene una reacción “de repudio”, “de rebeldía”, “de cansancio” contra todo lo que se llama “MANDAMIENTO”. Mas no saben que la fe en Cristo Jesús también está regido por leyes (y para que lo sepas: TODO LA Biblia), que regulan esta fe para que sea verdadera y para mantener a esta fe viva y en Dios; mas sobretodo JUSTICIA, PAZ, GOZO EN EL ESPÍRITU SANTO.

LA LEY ES NUESTRO AYO

La Biblia dice: pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa. (Gálatas 3:23-29)

Muchos consideran y así enseñan que esto sucedió una sola vez, que la ley les condujo a Jesús, que les hizo creer en Jesús como Salvador porque sintieron sus pecados, que hoy por la fe que tienen en Cristo Jesús están salvados. Y hacen una terrible conclusión: ya no me sirven más las leyes, porque ahora veo a Cristo Jesús. La ley me sirvió cuando no veía a Jesús, pero ahora que veo, no le necesito más.

Y esta es la terrible equivocación.

Porque si no conocen toda la ley de Dios y SI NO CUMPLEN CON LA AYUDA DEL ESPÍRITU SANTO EN TODOS LOS MANDAMIENTOS no verán a Cristo como tiene que ser. Porque la Biblia dice: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14). Y los pequeños mandamientos que conoces, aún necesita perfeccionarse para alcanzar y ver toda justicia, paz y gozo.

Al conocer a cada mandamiento, el hombre tiene que arrepentirse, y luego cuando se siente plenamente perdonado en el Espíritu Santo, tiene que practicar la correcta ley y perfeccionarlo hasta que haga verdaderamente justicia, y cuando haga de esta forma, entonces alcanzará la paz y tendrá gozo que será señalado por el Espíritu Santo y la Biblia.

Y hay que hacerlo con cada mandamiento, estatuto, ordenanza de la Biblia que el Señor te indique según el grado de fe y conocimiento que tengas. Pues a cada ley que ustedes cumplan en justicia, y alcancen la paz y el gozo en el Espíritu Santo, mejor verán a Cristo, les será más nítido y exacto el conocimiento del Señor Jesús. Porque el Padre y Jesús harán morada en ti. Y como dice la Biblia: Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 3:19-22)

Haciendo así con cada ley, y en la medida en que sigues limpiando y lavando tus pies verás a Dios, te encontrarás “seguro” todos los días como lo promete este pasaje de Apocalipsis. Y aquellos que obedecen así lo viven todos los días en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Mas cuando la ley es mal aplicada, no sirve más que condenar o utilizarlo para otras cosas, para el provecho personal, del vientre o de algún pastor inescrupuloso.

CONCLUSIÓN

Hay que estar atento, y sobre todo, por medio de la Biblia y su lectura continua, establecerse siempre en la verdad.

Y cuanto más te laves por medio del cumplimiento de los mandamientos con la ayuda del Espíritu Santo, verán cómo el Señor se complace con la justicia que haces ante él, y como señal te da la paz en tu interior, luego tendrás gozo; pues no eres solamente oidor sino hacedor de la Palabra.

Hoy la cantidad de mandamientos de hombres que dominan las iglesias y la vida del creyente es “impresionante”, y muchos creen que tienen la capacidad de regenerar al hombre en toda su espiritualidad. Mas mientras tú no lo hagas en forma bíblica y específicamente indicada, jamás lograrás la gracia de Dios. Por eso, es necesario cuidar y saber diferenciar los “actos de religiosidad” con las cosas de Dios. Una cosa es “hacer creer que tú obras para Dios” y otra las cosas que Dios considera son legales para tu justicia.

Por eso, el reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, porque estas son las medidas que examinan tu proceder, fe y conocimiento. La Biblia dice: Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras? (San Juan 5:43-47)

Hay que practicar todos los días, como mínimo aprender a guardar un mandamiento por semana, seguro que será difícil, pero cuando se consigue uno, se alcanza la justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, verás que los siguiente son más fáciles. Y sentirás la presencia de Dios en todo este proceso, y cada día que pasa le hablarás más claramente… y escucharás nítidamente la voz del Padre Celestial. Así sabrás qué corresponde al Reino de Dios y qué son las costumbres de los hombres enseñados como mandamientos en las iglesias.

Los que dejan la ley alaban a los impíos; mas los que la guardan contenderán con ellos. Los hombres malos no entienden el juicio; mas los que buscan a Jehová entienden todas las cosas. (Proverbios 28:4-5)

Que Dios te bendiga.