Sermones en cronología

Sermón en el día de Jesús 14 de septiembre de 2003

Título: Equilibrando Fuerzas

Biblia: Efesios 6:10-18

Predicador: Pastor D. H. David Lee

Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

10. Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

11. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

12. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

13. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

14. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

18 Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Con este pasaje esta vez tengo la intención de dar dos sermones, así que hoy escucharemos la primera parte y la segunda parte lo tendremos el próximo domingo. Porque es un tema muy amplio para tratarlo en un domingo. (Si has recibido Palabras de Vida, puedes ingresar a www.evangelio123.org por alguno de los números que pierdes, también los anteriores los encontrarás allí)

Muchos crecemos con la televisión, cada uno tenemos los programas favoritos. También todos crecemos con un personaje especial, algún superhéroe. Se convierte en la fantasía de un niño, el deseo de ser como su héroe de la pantalla chica en la vida real.

También los productores de películas vuelven de tiempo en tiempo con una nueva versión de un héroe. Uno porque eran caricaturas como hombre araña y otro porque ahora con la tecnología existente puede realizar los trucos cinematográficos que necesita.

Yo tampoco me salvo de esto, también tenía mis favoritos, amante de las películas y de la televisión. Pero siempre tenía una serie que veía con mucho interés. No era Superman, ni Batman, ni el increíble Hulk, ni el hombre de 6 millones de dólares, sino era el Hombre Invisible. Porque no tenía super poderes, no volaba, ni viajaba a velocidad de la luz. Sino un hombre corriente quien en un experimento se convierte en invisible.

Y muestra cómo la pelea es desigual, aun teniendo las armas de fuego y la fuerza no pueden vencer contra una persona. ¿Por qué? Porque no lo vé.

Desigualdad

En este ejemplo anterior, la desigualdad existe porque uno tiene que pelear contra otra persona sin verlo. Es querer pelear contra alguien con los ojos vendados, completamente a oscuras. ¿Cómo puedes pelear contra un enemigo que no ves? No sabes su tamaño, ni su apariencia, no sabes cómo vencerlo; en fin, es una lucha desigual.

Justamente esto nos dice el pasaje bíblico de hoy, en el versículo 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Esto sí que es una lucha desigual. Nosotros somos de carne y hueso, nuestra inteligencia y nuestra fuerza no puede luchar contra todo un reino espiritual de maldad.

Como creyentes decimos tengo fe. Pero si no vemos al enemigo, cómo podemos pelear contra el enemigo. Todos quienes creen en Jesús, el Espíritu Santo mora en él, pero no sabe cómo utilizar este poder, algunos ni siquiera saben de que tienen este poder.

Entonces, ¿no es una lucha desigual?

Decir tengo fe, tengo fe, es como blandir una espada y cortar el aire en busca de un enemigo invisible, esperanzado de que en algún momento lo podrá herir. Pero, ¿será que el enemigo es tan inofensivo?

Escuchamos de muchos creyentes que hablan del diablo, de cómo están luchando contra él. Es cierto, estamos luchando porque tenemos al más Poderoso, a Jesús quien venció la muerte y a Satanás.

Pero es tiempo que nosotros aprendamos y conozcamos del verdadero poder que Dios nos ha dado. Porque es frecuente ver cómo Dios puso a disposición del creyente el más grande poder, las armas más eficaces, un ejército tan envidiable pero dejando todo este arsenal, quiere luchar contra el diablo con un palo.

El Poder que hay en ti

Antes que nada necesitamos saber el poderío que tenemos. Necesitamos saber cuál es el poder real que tengo, cuánto tengo, de cómo puedo disponer de ese poder.

Primero hay que saber y recibir el poder que Dios preparó para que todo aquel que cree en Jesús pueda recibir.

En el versículo 10 nos dice: “hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” No son meras palabras para que suene bien, no son simplemente palabras para levantar nuestro rostro, para que tengamos un poco más de fe.

También necesitamos ejercitarnos en este poder, que nos es dado por medio del Espíritu Santo. Significa que debemos alimentarnos, fortalecernos primero para luego pelear.

Es así como Jesús inició el ministerio. Durante 40 días, sin beber y sin comer y solo entonces comenzó a predicar en el tiempo que otros estàn durmiendo.

Por eso, seamos sobrios, no durmamos como los demás. Cuando experimentas el poder del Espíritu Santo, puedes saber cómo es ese poder. Qué puedes hacer y hasta dónde puedes hacer.

Mas una cosa es cierta, el poder que el Espíritu Santo dá a uno no es un paquete, o sea, no es algo igual para todo el mundo. Sino depende de cuánto tu lo has pedido, cuánta fe tienes para recibir, cuánta experiencia espiritual tienes para poder soportar todo.

Una creyente que siempre tiene excusa para no orar, ni leer la palabra de Dios no puede tener ni recibir el mismo poder que aquel que está pidiendo constantemente a Dios y practica.

Y mayormente el poder del Espíritu Santo lo podemos utilizar por medio de una experiencia anterior y cuando tu fe es suficiente para creer.

Equilibrando fuerzas

Tenemos experiencia en esto. Porque la medida de la fe es diferente entre un creyente de pocos días y uno de muchos años, entre uno que rara vez practica y aquel que día tras día está con el Señor.

También el mismo versículo 1 Corintios 10:13 nos lo dice: no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Cuando eres un niño espiritualmente y no tienes mucha fe, Dios debe cuidarte como un niño de pecho. Pero cuando te ejercitas en la fe, cuando creces en el Espíritu Santo y en el poder de su fuerza, puede recibir una mayor cantidad de pruebas y soportarlas, vencerlas porque tu fe permite. Porque estás experimentando con el poder del Espíritu Santo y estás ganando confianza.

Esto es equilibrar en fuerzas. Porque evidentemente y nuestra propia experiencia nos lo dice, que no fuimos capaces de vencer desde el principio, mas ahora ya lo hacemos.

En el versículo 11 dice: Vestíos de toda la armadura de Dios. No dice: Vestíos de la armadura o de la perfecta armadura. Al decir de toda la armadura de Dios, nos da a entender que esta armadura tiene muchas partes y lo vamos poniéndonos una parte por vez.

Y para que estemos bien enterados, nos vuelve a repetir en el versículo 13: Por tanto, tomad toda la armadura de Dios. Que hay que tomar toda la armadura de Dios justamente porque tenemos una lucha contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas, contra huestes espirituales de maldad (a eso se refiere cuando dice “por tanto”).

Nos queda una pregunta de curiosidad, ¿hasta dónde podemos equiparnos de la armadura de Dios? Hasta la plenitud de Jesucristo. Así como él pudo vencer tres veces la tentación del diablo el día que lo probó, así podremos vencer. Así como vivió sin pecado, podremos hacer. Así como pudo agradar al Padre Celestial, nosotros también. ¿Por qué? Porque nosotros también fuimos adoptados como Hijos de Dios, porque clamamos ABBA PADRE (Gálatas 4:6).

Conclusión:

Ser fortalecidos en el Señor, no son simplemente palabras consoladoras. Tampoco es un excusa que se utiliza entre los deportistas: Lo importante es competir… NO, ESO NO BASTA. ESPIRITUALMENTE ESO EQUIVALE A DERROTA.

Hay que ser fortalecido para vencer y vencer siempre.

¿Cómo se hace para recibir este poder espiritual? Los detalles veremos el domingo próximo, pero rápidamente podemos decir que debes agradar a Dios. Y en este estado de buena voluntad con Dios pedirle en oración constante y perseverante que seas investido de lo alto, un flujo del Espíritu Santo que llene y sobreabunde tu recipiente.

Fortalécete, pide y recibe el poder de su fuerza. Porque el deseo de Dios en todo esto, es que podamos estar firmes contra las asechanzas del diablo.

Que Dios te bendiga.